Una de las grandes diferencias entre buena parte de la juventud opositora y la oficialista es que a la oficialista no le da asco el poder y la política. Lo digo por los ya ex jóvenes con los que compartí politicamente o incluso me opuse cuando yo estudiaba en bachillerato o en la universidad y hoy en día son líderes en el oficialismo. Son gente que se preparó políticamente, que se formó, que en muchos casos participaban en círculos de lectura, que fue candidata en centros de estudiantes en bachillerato o en la universidad, o los más radicales que iban al Avila a entrenarse militarmente. No solo eran participes de una manifestación sino sabían que su fin último era prepararse para la toma del poder. Y desde allí transformar la sociedad.

Y cuando de una manera u otra llegaron al poder no le tuvieron asco. Salvo contadas excepciones uno no siente que en la oposición exista éste ánimo.

Yo confieso que nunca he militado en partidos políticos, aunque si que he participado en organizaciones políticas:Expresión 25,  El frente Independiente de Educación Media en bachillerato y el Movimiento Autónomo de bases en la universidad. Además como mis viejos formaban parte de la dirección nacional del MAS tuve cercanías con dirigentes de ese partido.

Como muchos de quienes están en el poder creía (en realidad aún creo) que la organización popular debe estar más allá de los partidos. Pero lo cierto es que los partidos son una forma de organización popular (o deberían serlo). Y son una forma de representación desde la que se puede  poner en evidencia múltiples voces. En lo personal creo en una mezcla equilibrada de democracia participativa y representativa, pero en realidad a la democracia la prefiero sin apellidos.

Cuando las juventudes han asumido un programa (o varios), unas ideas (o varias) han logrado cambios (aunque no necesariamente inmediatos). Nos contaron mucho de la generación del 28, pero también podría decirse del cambio importante que generó en la izquierda venezolana el surgimiento del MAS y La Causa R al separarse del partido Comunista Venezolano. O fuera de nuestras fronteras la convención Demócrata que en los sesenta fue tomada por la juventud, la campaña basada en internet de Howard Dean más recientemente o regresando al país el impacto en el país de las políticas conducidas por el grupo de más o menos jóvenes tecnocrátas durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez.

En todos estos casos anteriores se trata de jóvenes interesados en transformar el país, en cambiar, que se arriesgan y confrontan con propuestas en mano.Así sea con ideas que uno no necesariamente comparta.

Se trata de jóvenes que, como bien supieron hacer los liberales de Milton Friedman, se prepararon para tener las respuestas en los momentos de crisis.Así no fueran las respuestas adecuadas. Ese es otro debate.

Por eso me parece absurdo que todavía diez años después de Chávez, gracias a quien buena parte de los sectores populares fueron incorporados a la política, existan aún personas que digan que no se meten en política o que les parezca que cuando algunos jóvenes líderes estudiantiles se inscriben en un partido pierden algo así como la virginidad o la pureza.

No creo que la participación en partidos sea la única forma de participación política , pero si creo que es una importante. Y en todo caso es una de las pocas desde la que se puede construir propuestas y programas para el país.


 

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